Ingredientes olvidados que regresan a la alta cocina
En la alta cocina, el verdadero valor ya no parece estar únicamente en la sofisticación técnica o en los ingredientes más exclusivos del mercado, sino en la capacidad de reinterpretar aquello que durante años fue ignorado. La gastronomía contemporánea está empezando a mirar hacia atrás para construir el futuro, revalorizando productos locales, recetas tradicionales y conocimientos que parecían destinados a desaparecer. En mi opinión, este cambio responde a algo más profundo que una simple tendencia culinaria. Existe una necesidad creciente de reconectar la cocina con el territorio, la memoria y el origen. La autenticidad —más que la rareza— empieza a convertirse en una nueva forma de lujo. El caso de México es especialmente interesante. Durante décadas, muchos ingredientes tradicionales quedaron relegados por razones económicas, estéticas o productivas. Variedades de maíz nativo, frijoles regionales, quelites, chiles endémicos o preparaciones ancestrales fueron desapareciendo lentamente de la vida cotidiana, desplazados por monocultivos, importaciones y sistemas diseñados para priorizar volumen sobre identidad. Sin embargo, iniciativas impulsadas por cocineros, productores y organizaciones como WWF —siglas de World Wide Fund for Nature— o Slow Food han comenzado a revalorizar productos como el pasilla mixe, el arí tarahumara o variedades locales de maíz y frijol, incorporándolos nuevamente en propuestas contemporáneas. Y
Experiencias culturales como motor económico
Las celebraciones culturales tienen un poder transformador que me inspira profundamente. No se trata solo de música, baile o tradición; detrás de cada carnaval, festival o fiesta popular late un motor económico con un alcance enorme. Estos encuentros atraen a miles de visitantes, dinamizan sectores completos, desde el turismo y la hotelería hasta la gastronomía y el comercio local, y al mismo tiempo, proyectan la identidad de un país al mundo. Lo que nace como una expresión genuina de comunidad se convierte en una plataforma sólida de desarrollo económico y social, capaz de generar inversión, empleo y oportunidades que trascienden la fiesta y dejan huella en la economía nacional. El Carnaval de Brasil es, quizá, el ejemplo más contundente de este fenómeno. En 2025, entre el 24 de febrero y el 8 de marzo, llegaron al país más de 310.000 turistas internacionales para disfrutar de la fiesta, de los cuales más de 161,000 arribaron por vía aérea. En el estado de Río de Janeiro, la ocupación hotelera alcanzó niveles récord, con zonas como Copacabana, Ipanema y el centro registrando tasas entre 96% y 99%, mientras que el promedio en todo el estado fue de 87,7%, frente al 81,2% del año anterior.